• Yohana Recio

Claves del confinamiento (III): la desescalada

Ha llegado el momento. Ese momento en el que nos abren las puertas para poder salir pero… algunas personas siguen sin salir, otras lo hacen sin seguir las instrucciones y otras siguen comportándose como si nada extraño hubiese pasado. ¿Porqué nos comportamos así? Vayamos poco a poco.



Después de hablar de los traumas y de la importancia del estrés postraumático días atrás, ha llegado el momento real de enfrentarse a la calle, a las demás personas, a la realidad. Hablando del miedo y de la ansiedad que esta situación ha provocado en la población general nos damos cuenta, quizás ahora, que no ha pasado de forma indiferente para nadie. Cómo hemos hablado de ello en nuestro ebook «Salud mental en el confinamiento», el miedo tiene diferentes caras de acción: atacar o enfrentarse, huir o escapar o simplemente bloquearse.





Al igual que el resto de emociones, el miedo no dura eternamente, y cuando este es capaz de empezarse a diluir, o como a mi me gusta llamarlo, a integrarse en nuestro sistema emocional con el resto de nuestras emociones, historia y recuerdos, es cuando más podemos notarlo.


El miedo (y cualquier otra emoción) desbordado apenas puede sentirse o aceptarse, el cuerpo está muy concentrado en sobrevivir. Adaptando esto a nuestra situación se traduce en: intentar contener la sensación y parecer tranquilo o sosegada, regañar a esas personas que no lo hacen bien, distrayendo el foco de atención del miedo y dándole el poder a la ira que nos da fuerza o despegándonos por completo de la realidad.

Hoy, a finales de mayo, mi ciudad está en fase 1. Donde antes se respiraba histeria, miedo y tensión, ahora hay un clima ligeramente normalizado, más real. Eso nos tranquiliza y alivia, parece que el salir a la calle ya no es agobiante como hacía escasos días.

Me arriesgo a decir que todos hemos pasado mucho miedo. No me gusta utilizar términos polares pero una pandemia es algo total que nos afecta a todos.

Solemos dejar que nuestra atención capte a todas aquellas personas que lo han estado haciendo fatal, no siguiendo las normas para así no centrarnos en nosotros mismos. Pero realmente hay personas que lo han estado haciendo genial y que a día de hoy se atañen a las normas del Gobierno, a informarse de datos reales y a escuchar las necesidades de su cuerpo.

¿Acaso los abuelos no han abrazado a sus nietos tras verlos por primera vez después de dos meses?







Ahora que ya estamos comenzando a adaptarnos y que la radicalidad está dando paso a la cordura de una forma constante y pausada, repasemos cuales son las principales consecuencias psicológicas que la pandemia nos ha dejado de momento:


-Agorafobia

-Síndrome de la cabaña

-Miedo al contagio

-Fobia social


Al margen de hablar de estos paquetes de síntomas o trastornos que podéis encontrar definidos de forma más concreta en muchas páginas, me limitaré a decir que la principal consecuencia del confinamiento ha sido: agravar los problemas o síntomas que ya traíamos de base.


Esto es, partiendo de la base de que ningún ser humano es perfecto y que todos, como hemos aprendido, tenemos heridas emocionales, al estar en presencia de una situación tan anómala y de tintes bélicos, como la que hemos pasado y seguimos pasando, hace que nuestro sistema no se vea capacitado para responder porque nunca antes había tenido que responder ante una situación así. Es por ello, que de forma instintiva nuestro cerebro busca en los anales de su historia algo similar para defenderse de lo que, de forma latente, es un ataque a nuestra supervivencia.


Y ahora, sí: ¿qué tipo de consecuencias tiene esto?


Nuestro cerebro busca algo parecido, así que seguramente desentrañe patrones relacionados con: estar encerrado, no sentirse libre, sentir desconfianza, amenaza externa incontrolable, miedo desbordado, incomprensión, incertidumbre, etc.


Como vemos, no es que sean sentimientos fáciles de manejar en ninguno de los casos, es por ello que nuestro cerebro se defiende de la situación (y por ende, del miedo que nos produce) actuando como «aquella vez que nos sirvió actuar así». Como nuestra buena máquina de pensar no sabe que esta situación no ha existido antes, tiene que gestionar la información poco a poco y asumir que todas las sensaciones que se han destapado no son realmente la que está aconteciendo. Esta es la causa del rebrote de la sintomatología ansiosa, de los síntomas depresivos y de las retraumatizaciones de antiguas heridas emocionales o de nuevos estreses postraumáticos.


Me gustaría recordaros que este proceso de autodescubrimiento es un proceso sano. No todo el mundo puede procesar de la misma forma que hemos pasado una alerta mundial de salud, ni todo el mundo es capaz de buscar recursos para autocuidarse así. Tengamos paciencia con nosotros mismos y con el resto.





Ante la duda de si tienes síntomas de fobia social, agorafobia, síndrome de la cabaña, miedo al contagio o cualquiera de estas consecuencias que tanto resuenan estos días, mi recomendación de pasos a seguir son los siguientes:


  1. Acepta que tienes miedo. Solo así este podrá salir y tú podrás aliviarte (no es nada fácil).

  2. Identifica qué es lo que te da miedo. ¿Es un miedo real? ¿Cómo puedes resolverlo y calmarte?

  3. Enfréntate de forma gradual a lo que te da miedo. Por ejemplo: si te da miedo salir a la calle, hazlo poco a poco, respetando tus tiempos y las normas. Si tienes miedo de contagiar a tus seres queridos, comprueba los datos de contagio de los últimos días de tu zona y fíjate en cómo la curva va bajando.


Cuidarte en estos momentos es muy importante. Si necesitas ayuda estamos dispuestos a informarte y apoyarte en lo que necesites. Recuerda que somos seres sociales, vivimos en manadas y no podemos hacer algunas cosas solos.





Referencias:


-González A., Mosquera D. (2013). EMDR y disociación: el abordaje progresivo. Ed. Pléyades.

-González A. (2017). No soy yo: entendiendo el trauma complejo, el apego y la disociación. Una guía para pacientes, familiares y terapeutas.


-https://www.emdr-es.org/


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