• Yohana Recio

Resiliencia, ¿se puede aprender este superpoder?

Hay un término psicológico que en estos últimos años se ha puesto de moda entre el uso popular: resiliencia. La resiliencia se define como la capacidad de adaptación ante situaciones cotidianas complejas, o situaciones traumáticas. Los últimos repuntes psicológicos no solo apuntan a la flexibilidad si no a la capacidad de completar un aprendizaje a partir del dolor, viéndonos fortalecidos y reforzados.


La clave de la resiliencia nos habla de no ver la vida como un proceso duro y costoso, sino más bien un camino lleno de momentos difíciles los cuales tenemos que encajar.





Nuestro querido John Bowlby fue uno de los primeros en utilizar el término resiliente dentro de sus estudios sobre el apego, pero quizás el que lo viralizó como tal dentro de un contexto mental y psicológico fue el psiquiatra Boris Cyrulnik, el cual en su Bestseller «Los patitos feos», desarrolla la situación personal de una infancia dura marcada por la muerte de ambos progenitores en un campo de concentración y su posterior experiencia en diferentes orfanatos y casas de acogida. A lo largo del manuscrito, el psiquiatra de origen francés nos relata cómo la mente de un niño altamente traumatizado y sin figuras de referencia en las que apoyarse, puede sobresalir de las dificultades, enfrentarse a una vida adulta plena y sin repetir patrones inestables de apego o comportamiento.


Es entonces cuando entendemos que no es algo innato el ser resiliente, sino que es una habilidad que como otras, puede aprenderse y entrenarse. Cómo sabemos, si en nuestro entorno primario familiar, hemos tenido una figura de apego resiliente, nuestro aprendizaje del mismo será mucho más idóneo, pero no siempre contamos con esta suerte, es más, puede que no valoremos la misma sino pasamos por esos lugares oscuros que la vida nos da de tanto en cuanto. Las luces también tienen sombras y tiene que ser así, nosotros decidimos cómo tomárnoslo. Saber que se puede aprender a sobrellevar algo que crea tanto malestar es un alivio y nos da esperanza.




Pero, ¿cuáles son las características de las personas resilientes? Enumerémoslas a grandes rasgos. Repito: ser resiliente no significa no sufrir. Se sufre mucho, pero simplemente no luchamos contra esos sentimientos dolorosos, solo los dejamos salir. De esta forma no nos sobrepasarán y los canales entre nuestro sistema límbico (núcleo cerebral de las emociones) y nuestro córtex prefrontal (núcleo cerebral de la razón lógica) tendrán una comunicación directa. Esa retroalimentación nos permitirá pensar y solucionar aún sintiéndonos alicaídos. Es lo que se llama una homeostasis o equilibrio. El famoso y arcaico binomio mente/cuerpo unidos, ambos tiene un papel protagonista y trabajan juntos para salir adelante.


Características de una persona resiliente:


  1. Son flexibles ante la posibilidad de cambio.

  2. Tienden a tomarse la vida con sentido del humor.

  3. Son constantes y firmes en sus objetivos.

  4. Tienen un amplio uso de la corregulación, es decir, su red social es amplia y sana.

  5. Tienden a rodearse de personas optimistas y que les respetan y quieren.

  6. No necesitan controlar las situaciones ni las emociones, solo fluyen.

  7. Normalmente están presentes y conscientes.

  8. Al estar presentes, son conocedores de sus habilidades y sus hándicaps.

  9. Asimilan los fracasos como oportunidades.

  10. Tienen autoconfianza plena en sus capacidades y no le temen al error.

  11. Son personas altamente creativas.


En definitiva, ser resiliente es solo una meta más a cumplir dentro de nuestras fronteras de la salud mental para con nosotros mismos. Hay algunas pautas comportamentales o conductuales que favorecen la creación de patrones sanos encauzados a la resiliencia, que a su vez también son básicos para otras habilidades y competencias entre los cuales destacamos el seguimiento de una rutina, el cumplimento de las necesidades básicas cubiertas y establecer objetivos realistas y sanos. Todo ello no tiene porque posicionarnos de una forma rígida, si no todo lo contrario, nos ayuda a ser operativos y flexibles a la vez. El error va perdiendo valor si nos enfocamos en su labor de aprendizaje.


Trabaja para sentirte mejor y que tu resiliencia sea un motivo más para sentirte orgulloso de tus logros personales.





REFERENCIAS


-Cyrulnik, B., (2013). Los patitos feos: La resiliencia. Una infancia infeliz no determina la vida.


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