• Yohana Recio

¿Se pueden volver los pensamientos nuestros aliados?

¿Cuántas veces nos pasa que sentimos como nuestro interior nos habla de una forma muy dura e hiriente? ¿De dónde vienen esas voces castigadoras que parece que quieren arrastrarnos al fondo de un océano oscuro?


No es todo el tiempo, por supuesto. Pero hay situaciones concretas (y diferentes para todos y cada uno de nosotros/as) en las que una sombra se alza llenando nuestro interior de miedo y confusión. Esas sombras se manifiestan en forma de pensamientos que nos hace estremecer nuestras sensaciones. ¿De dónde salen? y sobre todo, ¿por qué?, y aún más importante, ¿qué puedo hacer?





Esas sombras susurrantes de malos pensamientos del tipo: «no puedo hacerlo», «no soy capaz», «no merezco… », «soy débil», «me están engañando» o «no puedo defenderme», no son más que lo que a mi me gusta llamar: fantasmas. Estos fantasmas, traducido a un argot más científico, es lo que nuestros queridos reyes del paradigma de la 2º generación (cognitivo-conductual) Beck y Ellis, llamaban: creencias irracionales, pensamientos automáticos y distorsiones cognitivas. Veamos brevemente estos molestos fantasmas o pirañas:


-Creencias irracionales: una idea arcaica fundamentada normalmente a partir de experiencias en los primeros años de vida. Están relacionadas con el abandono, la soledad, las relaciones o el afecto en general. Son algo así como leyes inamovibles que una vez se fundamentaron en nuestra mente para entender la realidad, pero que ya no coinciden con la realidad presente o no nos sirve pensar acerca de la veracidad de las mismas, ya sea porque no son reales, nos hacen daño, o ambas.

-Pensamientos automáticos: imágenes o voces muy rápidas que nos asaltan a raíz de una situación que nos provoca malestar o incomodidad. Normalmente están relacionadas con contenidos muy trágicos que nos provocan un malestar emocional muy grande.

-Distorsiones cognitivas: son el resultado de las dos anteriores. Aparecen como mecanismos defensivos ante el dolor que nos provocan las creencias irracionales y los pensamientos automáticos. Se les llama distorsiones del pensamiento porque no coinciden con la realidad presente, o no son válidas para enfrentarse de una forma veraz a los elementos externos amenazantes.


Pongamos un ejemplo: «me da miedo exponer en mi clase de la universidad porque mi profesor de matemáticas solía gritarme mucho. Además nunca lo decía en casa porque mis padres estaban demasiado ocupados en otras cosas como para poder defenderme. Mis compañeros parecían tan asustados como yo pero nadie hacía nada para protegerme».


El resultado de este hecho tan traumático y a la vez, por desgracia, que puede ser tan común es una creencia racional o varias que pueden ser: «no sirvo para esto», «no puedo defenderme», «soy débil».

Estas creencias irracionales están uniendo aspectos de universos paralelos en uno solo. Nos relaciona directamente nuestra valía personal y nuestra completa identidad con una mera exposición de clase que pone en tela de juicio nuestra profesionalidad y nuestra personalidad.


Los pensamientos automáticos asociados a esta situación son directamente una sensación de miedo sobrexagerada, sudoración, respiración agitada, deseos de huir de una amenaza… Realmente el dolor de esta situación nace en la sensación de desprotección. Esa persona no pudo defenderse en aquel momento pero la realidad es que ahora sí puede hacerlo, los pensamientos automáticos nos bloquean en una época pasada. Son tan potentes y efímeros que no podemos ponerlos a prueba porque bloquean todo nuestro sistema límbico (la parte emocional) antes de poder ascender a la corteza prefrontal (nuestra racionalidad).


Por último, las distorsiones cognitivas asociadas a este ejemplo bien podrían ser: «a nadie parece darle tanto miedo como a mi. Soy un fracaso de persona», «Nunca podré enfrentarme a esto, ya estoy en la universidad, no debería tener miedo…»


Como vemos, las distorsiones se basan en la comparación y en la vulnerabilidad. Nos atacan como aquel profesor en su día nos atacó y nadie hizo nada para defendernos. Así que nosotros aprendimos que no podíamos defendernos de un ataque así.


¡Pero no es real! ¿Qué hacemos, pues?


Es difícil cambiar un patrón de pensamiento, pero no imposible. Las técnicas que nos proponían Beck y Ellis con la Terapia Racional Emotiva Conductual (TREC) han dado unos resultados increíbles desde que se pusieron en marcha con sus primeros ramalazos, allá por 1955, y que han sido mejoradas poco a poco hasta llegar hasta nuestros días. Estás técnicas están basadas en diálogos socráticos, reestructuraciones cognitivas y debates cognitivos.




Al fin y al cabo, de lo que se trata, es de poder hablar con esa parte nuestra que no pudo defenderse del profesor de matemáticas gruñón, y hacerle entender a esa personita desprotegida, que hoy en día sí que podemos protegerle y que él no podía hacerlo por entonces porque no sabía cómo y no tenía medios, que era normal que sintiera un miedo aterrador, pero que hoy día ese miedo tan potente no nos sirve y que ya sí que hemos aprendido a protegernos. La vulnerabilidad es un grado humano. Todos tenemos miedo. El miedo es bueno.


Este proceso de aceptación que parece tan sencillo es toda una odisea para cada uno de nosotros porque los traumas duelen mucho. Lo que es necesario adaptar a nuestro pensamiento es que: estaría bien ponernos la vida lo más fácil y adaptada que podamos, porque lo que es realidad es que ya de por sí la vida tiene momentos muy duros.


Si sientes que tus pensamientos te están comiendo y que las emociones te sobrepasan, quizá sea el momento de buscar una guía que te ayude en este proceso tan complicado. Los cambios nos dan miedo pero, ¿y estar toda la vida pensando en esos fantasmas que ya no son verdad?






REFERENCIAS:


-Ellis, A., y Blau, S., (2000). Vivir en una sociedad irracional: una guía para el bienestar mediante la terapia racional emotiva-conductual. Madrid: Paidós Ibérica.

-Beck, A., (2003). Prisioneros del odio: las bases de la ira, la hostilidad y la violencia. Editorial Paidós.

-Beck, A., (2005). Terapia cognitiva para los trastornos de personalidad. Editorial Paidós Ibérica.


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