Carta a quien la lea...
"No sé muy bien por dónde empezar. A veces siento que ni siquiera sé quién soy, así que describirme se vuelve una especie de montaña rusa. Pero voy a intentarlo, aunque probablemente mañana me arrepienta o piense que lo que escribí no tiene sentido. Me pasa mucho: cambio de opinión sobre mí a la velocidad en que cambia todo lo que siento.
Lo primero es que tengo un miedo horrible a que me abandonen. No sé explicarlo… Es como si en cualquier momento alguien pudiera desaparecer y dejarme sola, vacía, rota. Y cuando siento que eso puede pasar —aunque quizás solo hayan tardado en responder un mensaje— una parte de mí se desespera. Puedo suplicar, puedo enfadarme, puedo decir cosas que no quiero decir. Me asusta lo fuerte que reacciono, incluso cuando sé que no debería. Pero es que la idea de perder a alguien me descompone.
Mis relaciones son intensas. Demasiado, según algunos. Al principio idealizo a las personas, siento que son increíbles, únicas, imprescindibles. Pero basta un gesto raro, un comentario malinterpretado, para que todo se derrumbe dentro de mí. Entonces puedo pasar a sentir que me hacen daño, que no les importo, o que me están traicionando. Me odiaría por ser así, pero a veces no puedo frenar el torbellino que se activa.
La verdad es que también hago cosas impulsivas cuando estoy mal. Gastar de más, decir lo primero que pienso, buscar refugio en quien no debo… Después me quedo con la resaca emocional y la sensación de que me estoy jugando mi propia estabilidad cada día.
A veces me pregunto quién soy. Hay días en que me siento fuerte, decidida, incluso capaz de cualquier cosa. Y otros, de pronto, me veo como alguien inútil, defectuosa, difícil de querer. Esa inestabilidad me cansa. Me agota. Y me deja con este vacío en el pecho, como si nada fuera suficiente, como si yo no fuera suficiente.
La rabia también aparece. Rápida, fuerte, como una ola que no aviso. No es que quiera gritar o romper cosas, es que cuando siento que alguien me hiere —o que podría herirme— me sale un fuego dentro que no sé manejar. Luego me da vergüenza, me odio un poco por perder el control. Pero en el momento siento que no lo puedo evitar.
Tengo cicatrices que no siempre se ven, pero están ahí. Algunas físicas, otras emocionales. A veces hago cosas que sé que me pueden hacer daño, solo para dejar de sentir un dolor más grande. O para sentir algo cuando estoy demasiado vacía.
Supongo que lo que quiero decir es que no soy sencilla. Ni estable. Ni constante. Pero también siento muchísimo, quiero muchísimo, me esfuerzo muchísimo. Sé que parezco contradictoria, pero todo en mí es así: intenso, cambiante, confuso. No lo hago a propósito.
Ojalá algún día pueda decir quién soy sin temer que esa versión vaya a desaparecer al día siguiente."
Añadir comentario
Comentarios